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¿Cómo fortalecer la familia en tiempos de pandemia?

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Unión familiar

El COVID-19 también ha dejado huella en las relaciones familiares. Conozca las claves para superar la crisis y comunicarse mejor para construir relaciones profundas y vivir en armonía.

Uno de los aspectos que ha cambiado drásticamente con la irrupción del COVID-19 en el planeta es sin duda la dinámica familiar. La nueva realidad donde las escuelas han cerrado para ser reemplazadas por las clases virtuales y donde los padres trabajan en casa mientras tratan de mantener a los niños entretenidos, ha causado más de un dolor de cabeza y también serios conflictos.

Es que pasar las veinticuatro horas al día juntos en casa a veces puede ser muy divertido, pero para muchos también puede resultar agobiante. Convivir tantos meses juntos en casa, trabajando, estudiando y haciendo los quehaceres, casi sin poder salir y con la incertidumbre de lo que pasará en el fututo dando vueltas en nuestras cabezas, le pasa la factura a cualquiera.

“Se trata de una situación excepcional. Las familias se han visto sorprendidas por esta nueva realidad, que ya lleva más de siete meses y esto las ha llevado a aumentar los niveles de ansiedad, estrés, claustrofobia y consumo de alcohol. Todo eso sumado al desempleo, la incertidumbre y los sueños frustrados ante el panorama dramático traen como consecuencia tristeza, irritabilidad y cansancio y eso sin duda afecta la dinámica familiar”, reflexionó el psicólogo y psicoterapeuta Manuel Saravia Oliver, director del Instituto Guestalt de Lima.

El experto señaló que un factor que agrava el problema es la falta de contacto social, que para los seres humanos es muy importante. Por eso, ahora que los movimientos se encuentran restringidos y las reuniones sociales prohibidas, es necesario mantener un contacto regular con las personas más próximas, ya sea por teléfono o a través de internet.

“Sin embargo, en el Perú aún hay muchas personas que no tienen acceso a Internet, no saben usar la tecnología o no les gusta socializar por medios digitales y sin duda para ellos esta situación es más difícil y ocasiona una desestructura que hace que la persona se sienta más agobiada”, manifestó.

Síndrome de la mujer agotada

Pero eso no es todo. Con el teletrabajo muchos padres de familia están laborando en horarios que antes no eran habituales, pues tienen reuniones en la noche o incluso los domingos y restan horas del día que antes estaban destinadas a pasar tiempo con sus familias.

Saravia dijo que esa situación ha generado el llamado ‘síndrome de la mujer agotada’, que se da en familias con niños pequeños, donde la mujer debe compaginar las tareas familiares con su jornada laboral y personal, cayendo en un agotamiento físico y emocional.

Aunque durante la pandemia hay una mayor disposición de los hombres a hacer tareas que no solían realizar antes, como lavar, cocinar, ir al mercado o compartir horas de juego con los niños, la mujer sigue siendo la que soporta una mayor carga mental y organizativa.

“Este síndrome se está dando con bastante frecuencia y se manifiesta más en los hogares que antes contaban con una persona que les ayudaba en las tareas domésticas, pero por los despidos y recortes salariales se vieron obligadas a prescindir de ese servicio y asumir las tareas en familia”, refirió el experto.

Síndrome de la cabaña

A eso hay que agregar otro problema de salud mental que ha aumentado con la pandemia: se trata del ‘síndrome de la cabaña’, un estado mental que se presenta en gente que ha pasado mucho tiempo en situaciones de aislamiento y tiene miedo o rechazo a salir a la calle porque teme una posible exposición al virus.

“Estos síndromes generan en el hogar tensión y malestar no solo en mujeres sino también en hombres, y se traduce en niveles de estrés altos con discusiones, cansancio, hartazgo y finalmente en crisis familiares o de pareja”, explicó Saravia.

El decano del Colegio de Psicólogos de Lima y Callao, David Villarreal Huertas, explicó que ante los retos que presenta esta nueva normalidad hay al menos dos tipos de familias que han reaccionado de formas distintas a la crisis:

  • Familias funcionales. Son aquellas cuyas relaciones e interacciones hacen posible una vida aceptable y armónica. Estas familias, aunque pueden haber enfrentado ciertos problemas de convivencia naturales por la nueva realidad y el cambio de ritmo de sus miembros, los han sabido resolver y la crisis les ha dado la oportunidad de afianzar sus vínculos. Pese al reto, se han adaptado, han encontrado la forma de compartir, adecuar los roles y aprovechar el tiempo juntos.
  • Familias disfuncionales. Se conoce así a aquellas donde existe algún tipo de problema por fallas en la comunicación, dependencia excesiva de sus miembros, relaciones demasiado abiertas o donde no hay reglas, entre otros problemas. En estas familias que sin pandemia ya tenían asuntos por resolver, la crisis y tener que estar juntos mucho tiempo las ahoga. La convivencia sin descansos les genera estrés y ansiedad que llevan a roces, peleas u otras dificultades que pueden terminar en maltratos y violencia.

¿Cómo mejorar la relación familiar?

Villarreal señaló, sin embargo que los padres pueden aprovechar esta situación única de convivencia para potenciar sus roles en la familia. “Pueden surgir muchos problemas, pero no es momento de deprimirse, lamentarse o entrar en pánico, sino de dar lo mejor de cada uno”, enfatizó.

Por eso, compartió algunos tips para que los padres puedan usar este tiempo juntos y construir relaciones sólidas con sus hijos:

  • Resuelva los conflictos pendientes. Los padres y madres deben ponerse de acuerdo para ser aliados en casa y resolver las dificultades y diferencias que puedan tener. Es importante analizar cada situación y darse cuenta que, si se trata de un problema que no es de fácil resolución, tal vez es mejor tomar una tregua y postergarlo para más adelante.
  • Mantenga la higiene mental. Es fundamental que las personas reconozcan sus emociones, las acepten y practiquen ejercicios de relajación para que puedan eliminar el estrés y la ansiedad. Hablar diariamente con sus seres queridos es una buena estrategia preventiva para estar alertas y prevenir problemas de salud mental.
  • Comparta tiempo en familia. Es vital que los padres dediquen a su familia un tiempo juntos. Esto no significa que tienen que estar pegados a sus hijos todo el día, basta con momentos de calidad en que puedan compartir un juego de mesa, un programa de televisión o una actividad, como cocinar, limpiar o arreglar el jardín. Lo importante es ir cultivando las buenas relaciones y la confianza.
  • Mantenga una actitud positiva. Las personas deben tener la determinación de no pelear o discutir por cualquier problema que se presente porque eso genera ansiedad en el hogar y en sus integrantes. Hay que ser consciente de esta situación y, cuando sintamos que estamos perdiendo la paciencia, tratar de auto controlarnos practicando ejercicios de respiración.
  • Establezca límites en casa. Los hijos y también los padres deben aprender a respetar los espacios de trabajo o de estudios de cada integrante del hogar. Compartir absolutamente todo no es una convivencia saludable. Hay que respetar la identidad y las decisiones de cada miembro de la familia. Se puede apoyar a los hijos, pero sin invadirlos.
  • Practique la comunicación. Cultivar el arte de la comunicación es muy importante en la familia y para hacerla más fluida los padres deben ganarse la confianza de sus hijos desde pequeños, a través de los juegos. Si se perdió esta oportunidad en la niñez, nunca es tarde, se puede generar espacios dedicándoles tiempo, practicando la escucha activa y demostrando confianza y amor.
  • Establezca rutinas. Ahora que nuestra vida se trastocó y los horarios y obligaciones cambiaron, es fundamental diseñar un nuevo horario. Planifique las horas desde que se levanta cada miembro de la familia hasta las horas de estudio, trabajo, almuerzo y tiempo libre. No hace falta que sea un horario muy estricto, pero lo que no puede permitir es que cada uno haga lo que le dé la gana porque entonces la familia estará totalmente desestructurada.
  • Haga turnos con su pareja. No es necesario que siempre uno de los padres sea el que juega con los niños o regaña al que no hizo la tarea, esto también se debe compartir. Pasar tiempo con los niños, sobre todo cuando son pequeños no es algo tan sencillo y requiere de mucha energía. Pero recuerde que tampoco es su obligación mantener a los niños entretenidos todo el día, hay que dejar que se aburran para que así aflore su imaginación.

¿Cómo hablar con los adolescentes?

Aunque estas recomendaciones funcionan muy bien con niños pequeños, con los hijos adolescentes las dinámicas y la comunicación deben ser diferentes, pues, aunque no lo demuestren, estos quieren muchísimo a su familia, pero suelen encerrarse en su habitación para usar el celular y no les gusta que sus padres les digan qué hacer.

Saravia refirió que en estos tiempos “no es buena idea quitarles el celular porque los podríamos aislar del mundo”, pero dijo que sí es necesario regular el uso de la tecnología y darles soporte emocional, sobre todo, ante los peligros del internet. Además, para mejorar la comunicación con los adolescentes recomendó:

  • Tenga una comunicación positiva. Es importante tomar atención a las conversaciones que se tienen en familia. No es recomendable lamentarse, hablar de otros, de muertes o robos, sino ser fuentes de afecto y valores, hablando por ejemplo de nuestros sueños o proyectos y los pasos para llegar a ellos. También podemos hablar sobre la amistad o lo que hace feliz a cada miembro de la familia.
  • Escuche atentamente. Los padres deben generar un espacio diario de por lo menos 20 minutos para escuchar a sus hijos en forma respetuosa, sin críticas ni interrupciones, solo así sabrán lo que piensan y tienen guardado. Después de escuchar pueden orientar, usando su experiencia, pero no con un discurso impositivo sino en función a sus gustos, intereses y temores.
  • No fuerce la conversación. Si detecta que su hijo no desea entablar una conversación, no debe imponerla, pues podría hacer que se aleje más. Acepte que quizá no es el momento de hablar y asegúrese de que sepa que estará siempre dispuesto a escucharlo cuando esté listo para comunicarse.
  • No haga preguntas genéricas. Ante ese tipo de preguntas es muy fácil que el adolescente responda también de forma genérica. Es mejor hacer preguntas sobre puntos específicos que promuevan el diálogo, como por ejemplo un examen, un amigo, algo que quiere estudiar o comprar o compartir una experiencia.
  • No esconda sus emociones. Los adolescentes deben saber que los padres también sienten tristeza, dolor o frustración, pero que estas son emociones humanas y normales y también pueden ser pasajeras y se pueden manejar. Es importante que entiendan que a veces esas emociones nos hacen más sabios y resistentes ante la vida.

Además, el director del Instituto Guestalt de Lima recomienda trabajar para integrar a los jóvenes a la familia, haciendo un cambio radical en el estilo de vida e incluyendo actividades familiares que involucren una alimentación saludable y más actividad física.

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