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Javier Luna Elías: ¡Vamos a Acho, Caracho!

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Acho

Frente al proyecto municipal que prohíbe las corridas de toros en la Plaza de Acho, llega una exhortación a todos los peruanos para luchar por nuestro querido Patrimonio Histórico de la Humanidad.

En el siguiente artículo, el Arquitecto Javier Luna Elías nos recuerda las razones por las cuales, no debemos dejar que se olvide lo que Acho significa para el Perú. 

“Por la alameda de Acho, la que va juntito al río, y luego por el chiquero, se entra a la plaza firme de toros del Acho. Hay una cruz de Cristóbal amparando la corrida y un minarete que aguaita detrás de las galerías a la placita, defiende de los vientos traicioneros, aquel Acho que domina la fiesta y a sus toreros”

Con estos versos inmortales e inéditos de Chabuca Granda, el arquitecto Javier Luna Elías en el último programa de Noche de Luna, que se emite vía la señal de Willax Tv, le rindió homenaje a la tradición y con ello recuerda la importancia de preservar la historia que contiene cada centímetro de la bicentenaria Plaza de Toros de Acho.

“Palabra esencial: tradición, si queremos hablar de Acho”, señala el arquitecto, y luego repara sobre el proyecto municipal que intenta prohibir las corridas de toros en la plaza más antigua de América Latina.

“Hay historia, demasiada tradición, demasiada costumbre para borrarla de un plumazo. Porque la idea fue de un joven concejal, a quien yo no conozco, pero que veo ha tenido el atrevimiento de decir que en Acho no va a haber más nada de lo que hubo”, manifestó el arquitecto al recordar que la plaza significa mucho más que las corridas de toros. “Fue Don Hipólito Unanue, médico ilustre y prócer de nuestra independencia quien construyó la plaza, la inauguró y la regaló a la beneficencia para que por lo menos se hicieran ocho corridas anuales que sirvieran para el mantenimiento de los niños pobres y menesterosos”.

Y es que el monumento de Acho significa aún mucho más en nuestra historia y en nuestra libertad. Javier Luna lo rememora así: “Desde los años 1821 a 1826 todos los ingresos de la Plaza de Acho se dedicaron para apoyar al ejército libertador”. 

Con estas palabras, el conductor de Noche de Luna les pide a los peruanos que no dejemos que nos quiten nuestra tradición, pues al perderla, perdemos algo de nosotros mismos.

“El patrimonio es nuestro y debemos defenderlo, defenderlo por lo que significa. Si usted defiende la tradición, si usted defiende nuestra cultura, usted defiende nuestra identidad, porque Acho es nuestro. Seamos fieles a Acho, como es fiel aquella torrecilla que le llaman el mirador de Ingunza y que nunca se ha separado de su vieja plaza expresa así Javier Luna Elías en esta evocación de la tradición e historia peruana.

¡Hay demasiado! Yo no creo que un señor y veinte señores puedan decidir lo que Usted y Yo queremos. Claro, tienen el ingrediente que, según ellos, están haciendo lo mejor y quién les dijo que eso es verdad. Yo creo que estos señores que están en el concejo tendrían que preocuparse en este momento, no de eso que han tomado con tanta ligereza, si no preocuparse del transporte, de la ciudad, de lo que está pasando; organizarnos de manera tal, pero no enfrentarnos, finaliza así Javier Luna.

Dato:

El sombrero de Pizarro

En enero de 1535, mientras construían la Catedral de Lima, Francisco Pizarro, al terminar de rejonear un toro en la Plaza de Armas, arrojó su sombrero y éste quedó posado en el muro de la catedral que se encontraba a medio construir. Los señores canteros tallaron el sombrero del fundador de Lima, que ahí permanece, como mudo testigo de una verdad, que algunos consideran una leyenda, una mentira o un mito. Yo les respondo: vayan ustedes a la plaza y mírenlo.

Anexo:

“Por la Alameda de Acho”

Chabuca Granda

Por la alameda de Acho, la que va juntito al río y luego por el chiquero, se entra a la Plaza Firme de Toros del Acho. Hay una cruz de Cristóbal amparando la corrida y un minarete que aguaita detrás de las galerías a la placita, defiende de los vientos traicioneros, aquel Acho que domina la fiesta y a sus toreros.

El Sol es un poco esquivo, más cuando enciende su llama la riega por los tendidos y el redondel se engalana. Se va acercando la hora animada con las bandas de músicos que prepararon el entusiasmo y suspenso, mientras que en la capillita los diestros están rezando, mientras sentada en las galerías está la fiera esperando.

Se pidió la llave ya, y majestuoso el paseo despliega multicolores aplausos, olés y preses. Qué bonito aquel capote, qué bella esa taleguilla, que pálida está la cara de los diestros y empezamos. Olé el clarín, olé el toro. Qué verónicas ceñidas, qué exigencia. Se medita una pregunta: ¿cuál es la fiera? ¿Es el toro?

Sigue el color de la fiesta, la pica, las banderillas, el rito de los permisos, el brindis y los aplausos. Se abre como un abanico una muleta muy roja, y una fiera está en silencio, la otra está herida y ruge. A veces pasan de prisa, a veces pasan muy lentos los minutos de faroles, los de pecho y los de izquierda. Las dos fieras están listas. Una ya para morir y la otra para aplaudir.

Está más pálido el diestro enseñando su verdad. Dos ojos ensangrentados le han preguntado por qué. Mas es fiesta y otro toro, y otro, y otro, y otros diestros. Mas es fiesta, y otro toro. Y manongazo rezonga: oiga usted Señó Manué si usted puede cambie al juez.

 Y acaba la fiesta brava y me vuelvo hacia mi casa, hasta la próxima vez que en plaza firme del Acho vuelva parte de la fiera ser.

Chabuca Granda

Asociación Cultural Chabuca Granda

http://chabucagranda.com.pe/