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Los residuos y sus muchas vidas

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Economía circular: soluciones reales enfocadas en la reutilización de plásticos y residuos sólidos en general.

Desde hace algún tiempo, se evidencia el problema de la ineficiente gestión del plástico, debido al vuelco de la población a los espacios públicos, y los residuos que ese desplazamiento genera. ¿Qué hacer frente a ello?

La Ley de Plásticos (Ley 308884) prohíbe la fabricación y comercialización de sorbetes de plástico y bolsas pequeñas de menos de 30 centímetros por lado y bolsas finas del mismo material; además, esta norma incrementará anualmente el impuesto al consumo  de bolsas plásticas de portabilidad (que se entregan en supermercados y tiendas), hasta llegar a 50 centavos en 2023.

Ahora bien, aunque estas disposiciones de política pública son necesarias para el manejo de los residuos, su alcance no es determinante y definitivo, porque pierden de vista lo más importante: el problema con el plástico no es el material en sí mismo, sino el hecho de que, siendo un material barato, su consumo se rige bajo el precepto de “usar y botar”.

“El problema es que se usa indiscriminadamente sin pensar en qué pasará con él una vez que haya terminado su vida útil. Si los plásticos que producimos son reciclables y, mediante medidas fiscales, incentivamos que todos los productos contengan un mínimo de reciclado, sin duda podremos seguir experimentando crecimiento sin detraimiento de la naturaleza”, sostiene Victoria Ferrer Maymó, directora general del Gremi de Recuperació de Catalunya, que agrupa a 250 empresas recicladoras (mayormente pymes) catalanas.

El plástico se usa indiscriminadamente sin pensar en qué pasará con él una vez que haya terminado su vida útil.

Felizmente, la llamada economía circular, corriente de pensamiento que se centra en transformar lo que a algunos no les sirve o no utilizan en algo valioso para otros, ya es una tendencia a nivel mundial que fomenta la creación de un mercado libre —y más sostenible— de residuos, incentiva la creatividad y la innovación de los productores. Pero ¿de qué se trata, en concreto, esta propuesta de solución? Podemos resumirlo en dos estrategias decisivas:

1. SEGREGAR Y RECOLECTAR: TAREA DE LAS AUTORIDADES Y DE LOS CIUDADANOS

Para la economía circular, es vital que existan programas municipales de segregación en la fuente y recolección selectiva de residuos sólidos. La Municipalidad Metropolitana de Lima, por ejemplo, lleva adelante el programa “Recicla Lima” a través de 68 recicladores formales, y atiende a más de 15 mil viviendas, casi medio centenar de establecimientos comerciales, 14 instituciones públicas y privadas, y 26 instituciones educativas. Hay experiencias similares en las municipalidades distritales de Ate, Miraflores, La Molina, San isidro, Surco, entre otras de Lima, que cuentan además con plantas de segregación de residuos sólidos en origen.

Pero el éxito de estas iniciativas no depende únicamente de la existencia de esas plantas. También se necesita planes de ruta, periodicidad y alternancia adecuada en el recojo. Así, las municipalidades, mediante convenios con empresas aliadas, deben recoger los residuos orgánicos dos veces por semana y los inorgánicos una vez. Así se viabiliza la segregación, se optimiza el uso de las compactadoras y se amplía la atención a mayor número de vecinos. Además, vivamos o no en jurisdicciones alineadas a estas prácticas, como vecinos responsables, debemos habituarnos a desechar por separado los residuos orgánicos (generados por productos perecibles) de los inorgánicos y, asimismo, entregar estos últimos, en particular los plásticos, limpios y sin etiquetas.

2. TRANSFORMAR EL PLÁSTICO EN ENERGÍA

Según cifras de Recicla.pe, de las 12 mil botellas de plástico PET que se consumen por minuto, en Perú solo se recupera casi 36%; en tanto que en México se llega a 60% y en Suiza y Dinamarca, al 90%. Sin embargo, las plantas de segregación tienen mayor potencial para proveer un segundo uso a los desechos inorgánicos y así ampliar el ciclo de la economía circular. Por eso, es necesario explorar distintas iniciativas además de las ya implementadas como la meta de incorporación de plástico reciclado en la fabricación de nuevos empaques, que es el marco de distintos Acuerdos de Producción Limpia suscritos por los Ministerios del Ambiente y de la Producción con la empresa privada.

Una de las más importantes es el aprovechamiento energético de residuos (Waste-to-Energy), un conjunto de tecnologías diseñadas para solucionar los problemas de la disposición de residuos y otros retos simultáneos, como la escasez en la generación de energía eléctrica, espacios limitados para rellenos sanitarios, y emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la inapropiada disposición de residuos.

La buena noticia es que no se trata de alternativas ajenas a nuestras posibilidades. En Lima opera, desde 2011, a partir de la obtención de biogás, la Central Térmica de Biomasa de Huaycoloro, instalada por Petramás. Existen, además, otras 4 centrales de biomasa en el país (entre ellas la de Agro Industrial Paramonga, que genera 23 MW), todas como resultado de subastas RER (con recursos energéticos renovables). El Statistical Review of World Energy, elaborado por British Petroleum indica que, a 2008, solo 10% de la producción mundial de energía eléctrica proviene de plantas con turbo generadores de energía con plástico reciclado. Todavía estamos empezando, pero, desde 2001, la producción eléctrica mundial de las centrales RER viene creciendo sostenidamente.

Cambio de óptica

El desafío de los residuos plásticos apunta claramente a que el material no es el problema, sino nuestros hábitos como usuarios. Valgan verdades, el plástico es económico (no existe otro más barato), versátil, ligero, resistente, maleable y duradero, y su uso se ha extendido a prácticamente todos los ámbitos de la actividad humana. Sin embargo, muchas de las medidas sugeridas y aplicadas para afrontar el problema del manejo de sus residuos, como evitar el uso de cañitas o cobrar por las bolsas, son muy complicadas, poco prácticas y de largo aliento.

Además, estas demandan un elevado nivel de educación y la modificación de hábitos no solamente en un grupo social determinado sino en millones de personas. Así, implementarlas demanda un alto costo, muchos recursos y desgaste humano. En tal sentido, la solución debe atender la raíz del problema, y para eso urge diseñar y poner en marcha un programa efectivo de reutilización de los plásticos.

El problema con el plástico no es el material en sí mismo, sino el hecho de que, siendo un material económico, su consumo se rige bajo el precepto de “usar y botar”.

PARA SER PROTAGONISTA DEL CAMBIO

  • 1. Segregue. Separe los residuos orgánicos (perecibles) de los inorgánicos (papel, plástico, vidrio, hojalata, textiles, tetrabrik).
  • 2. Lave. Elimine los residuos de los envases antes de segregarlos.
  • 3. Conozca. Si no hay programa municipal en su distrito, haga uso de las estaciones públicas de reciclaje. Busque y descargue el aplicativo En Casa Yo Reciclo y guíese por el mapa interactivo.
  • 4. Discrimine. Separe espejos, aerosoles y desechos sanitarios porque no son reciclables. Pilas, cargadores y otros desechos electrónicos pueden depositarse en algunas estaciones de reciclaje.