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Perú: idiosincrasia de fe

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Noche de Luna

“No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte”
(Soneto a Cristo Crucificado/S. XVI)

Con este soneto español del Siglo XVI, el arquitecto Javier Luna Elías, presentó el Domingo de Resurrección, una nueva edición de su programa “Noche de Luna”.  La Semana Santa bajo la pandemia, y la profunda religiosidad del pueblo peruano, reflejada en las “fantásticas” y “maravillosas” procesiones de Cusco, Huaraz, Catacaos, Arequipa e Ica, fueron parte del tópico central sobre el que se desarrolló el programa cultural de Willax TV.

“Terminó la Semana Santa. Una Semana Santa distinta a todas. Una Semana Santa que yo hasta ahora no logro entender. Usted debe tener la misma sensación que tengo yo. Una Semana Santa tan necesaria y tan ausente, tan privada de todo. Una Semana Santa guardados en nuestras casas, en nuestros huertos de Getsemaní, evocando a Jesús. Y creo que nunca le hemos sentido más santa, ni más referente, como la que hemos vivido ahora”, señaló el conductor de “Noche de Luna”.

El arquitecto Luna Elías destacó la profunda religiosidad del pueblo peruano, que se expresa en las distintas procesiones y celebraciones que se festejan en el territorio nacional, en el marco de la Semana Santa. “Forma parte, de nuestra idiosincrasia, esta religiosidad que tenemos los peruanos, y que muchos quieren negarla. Quinientos años de presencia de la fe religiosa. La cruz y la palabra fue lo que trajeron los españoles, y si no nos convencieron, nos fusionamos, y se hizo una verdadera religión en la que el Sol y la Luna, junto a Illapa El Rayo, funciona. Y ahí vamos, con esta Pachamama que sostiene esta cruz de Cristo”.

Resaltó, en ese contexto, “la fe de un pueblo que adorna a sus santos, que hace sus procesiones, que hace sus peregrinaciones, que guarda la palabra, que va a escuchar los famosos sermones de las tres horas, que es un invento del Perú al mundo”.

El arquitecto se refirió al “lunes santo del Cusco”, y “la procesión maravillosa del Señor de los Temblores”. Precisó que, pese a que este año no se pudo llevar a cabo debido a la pandemia, sí es posible evocar en nuestras imágenes “el canto de las Chayñas, que son los coros populares, y el tañer de la campana de María Angola, el sonido de los pututos y la presencia divina de este santo patrón jurado desde hace 300 años de la ciudad del Cusco. Empezamos la semana de manera maravillosa”.

“El martes podemos recurrir a la idea de reconocer Huaraz. Me vino a la memoria un viaje familiar en el cual descubrimos qué maravilla de paisaje Huaraz, Caraz, Recuay. Toda esta maravillosa cordillera blanca y cordillera negra, que se juntan en esta zona extraordinaria de paisajes magníficos, y una procesión que no había visto nunca, y de un sincretismo religioso que me sorprendió”, apuntó.

 “Y nos vamos para el norte, y en el norte descubrimos que tiene lo suyo. Una Semana Santa inolvidable, que tiene un plato básico que no lo tienen otros. El plato que se come en la Semana Santa de Catacaos le llaman malarrabia. Por supuesto que no tiene ingredientes de carne, porque no se ha de comer carne en Semana Santa, pero sí tiene plátano machacado. Realmente algo extraordinario”, indicó el conductor de Noche de Luna.

“Me pongo de pie para evocar, cuando menciono la palabra Arequipa. Semana Santa en Arequipa. ¡Qué puede haber más bello! Cielo azul, más azul que el azul, y maravillosas procesiones bajo palio que llevan a vírgenes laceradas, torturadas, con siete puñales. Qué puede haber más grande, que el dolor de una madre que ve crucificar a su hijo”, señaló Luna Elías.

El conductor de Noche de Luna recordó, también, la Semana Santa durante su niñez en su natal Ica. “Una de las cosas más lindas que me pasaban en la semana santa era que mi mamá me llevaba siempre a ver la bajada del Señor de Luren. Era bajarlo de su altar que tenía una cruz de ónix muy bella, y lo bajaban con una sencillez y con una sobriedad, con una austeridad y con una religiosidad, bajo los sonidos de una banda que era algo que, cada vez que yo lo edito, vuelve a ser como el primer día, y no es que vuelva a ser niño si no que siento la felicidad de la protección de lo que se llama fe”.

Luna Elías señaló que, en conversaciones con “mi querida esposa Yvonne”, recordó que ella, junto a su familia que vivía en Chanchamayo, se trasladaba en Semana santa hasta Tarma “para poder ver estos árboles y estos arcos llenos, repletos de flores. Qué puede haber más florido que el Valle del Mantaro. Qué puede haber mejor que estas superficies cubiertas de flores en toda la zona de Junín”.

“Roguemos a nuestro arzobispo que defienda nuestra fe y nuestra iglesia. Tenemos derecho. Así como podemos ir a un casino o a comprar, también tenemos derecho a ir a una iglesia. La fe de un pueblo, la fe de la oración. Nunca olvidemos una frase que les ruego nunca debemos olvidar: Padre nuestro que estás en los cielos. Una oración magnífica, y nunca olvide usted que la fe mueve montañas”, finalizó.

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