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¡Atención padres! La pandemia multiplica casos de trastornos alimenticios en adolescentes y jóvenes

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Joven sin ganas de comer

Los casos de anorexia y bulimia crecieron por la pandemia. Esté alerta si su hijo cambia de humor, está irritable, se preocupa excesivamente por su físico o busca el aislamiento más de lo habitual.

Marita tiene 13 años y desde que empezó la pandemia decidió hacer deporte y comer sano. Empezó haciendo una rutina de media hora de ejercicios diarios en casa, pero al ver que su figura se espigaba decidió ir por más y hacía tres rutinas de ejercicios al día. Además, comía poco, ya no probaba las carnes y contaba cada caloría. Sus padres notaron que algo pasaba cuando una madrugada la descubrieron haciendo ejercicios a escondidas. Entonces usaba ropa holgada, pero solo pesaba 35 kilos. Su diagnóstico: anorexia nerviosa.

El caso de Claudia es distinto. Ella tiene 14 años y desde que sus compañeros de colegio le dijeron que estaba gorda e hicieron un sticker con su rostro, empezó a dejar la comida en el plato. La adolescente no tenía sobrepeso, era una joven saludable; sin embargo, creyó lo que sus compañeros le decían, se miraba en el espejo y se veía gorda. Por ello, decidió dejar de comer, hacía rutinas estrictas de ejercicios y devolvía lo poco que ingería, hasta que las cosas se salieron de control. Un día se desmayó y tuvo que ser hospitalizada. Tenía bulimia nerviosa.

Lo que tienen en común Marita y Claudia es que ambas presentan un trastorno de conducta alimentaria, un problema psicológico grave que puede ser muy perjudicial para la salud de la persona, porque altera el consumo y la absorción de los alimentos y, a su vez, no permite al individuo desarrollarse de manera normal dentro de la sociedad.

En ambos casos el problema surgió en medio de la pandemia. Y es que, según los expertos en todo el mundo, los casos de trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes y adultos jóvenes se han multiplicado desde que empezó el coronavirus, en marzo del año pasado.

Aunque no hay cifras mundiales que midan este trastorno, un estudio del Boston Children’s, Hospital publicado en el Journal of Adolescent Health, reveló que las tasas de hospitalización de pacientes con trastornos alimentarios en dicho establecimiento de EE.UU. aumentaron más del triple desde que apareció el coronavirus. Además, la demanda de tratamientos ambulatorios también creció drásticamente, de un promedio de seis casos por semana hasta 23.

De acuerdo con el estudio, el mayor aumento de casos en el último año fue de anorexia nerviosa, un trastorno alimentario en el que las personas se privan de alimentos. Sin embargo, otros trastornos que también se están presentando en forma recurrente son la bulimia nerviosa, en la que las personas comen en exceso y luego tratan de deshacerse de la comida con laxantes o vómitos, y el trastorno por atracón, en el que las personas consumen cantidades excesivas de alimentos en un período corto.

Un estudio británico publicado en el Journal of Eating Disorders reveló que la crisis sanitaria ha agravado más estos trastornos, ya sea por el estrés causado en el hogar, relacionado con dificultades económicas o sociales, o la ansiedad causada por el encierro y la incertidumbre.

Los casos aumentan en el Perú

De acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado Hideyo Noguchi, se estima que en el Perú entre el 7% y el 11.5% de la población adolescente padece de trastornos alimentarios. Por lo general son las mujeres adolescentes las que adoptan medidas extremas en su alimentación al experimentar “un intenso miedo a engordar o verse gordas”.

Carlos Vera Scamarone, médico psiquiatra de PsicoIntegral, grupo especializado en salud mental, señaló que en el Perú las atenciones por casos de trastornos de conducta alimentaria en adolescentes y jóvenes aumentaron con la pandemia y el confinamiento prolongado, sin discriminar el estrato social ni el sexo.

En el Perú los casos de trastornos de conducta alimentaria afectan más a las mujeres. Se presenta un caso en varones por cada siete en mujeres.

Explicó que las causas que más han propiciado este aumento de casos son los cambios que se producen en la adolescencia y la dificultad de los jóvenes de aceptarse como tal, así como la observación frecuente del propio cuerpo y la comparación, sin poder compartir esta experiencia con sus pares por el confinamiento.

“Hay casos de adolescentes que con la pandemia decidieron tratar de ser más saludables siguiendo las publicaciones de personas influyentes del fitness y se les fue la mano. En otros, el aislamiento social, el aburrimiento y el miedo a subir de peso durante la cuarentena también llevaron a comportamientos poco saludables”, dijo.

El experto refirió que otro factor que ha disparado los casos es la virtualidad, pues los jóvenes usan los medios virtuales para hablar sobre cómo se ven, calificando, haciendo comparaciones y cayendo en muchos casos en el acoso y el ciberbullying.

“Es frecuente que en sus espacios privados los chicos hablen de manera poco adecuada y hagan bromas subidas de tono y se refieran a sus compañeros con insultos. Ya no es tanto por el paradigma del peso, sino por la imagen en general, lo que ocasiona que muchos apaguen las cámaras porque tienen temor a mostrarse delante de sus compañeros”, manifestó.

Ojo con los factores de riesgo

Se desconoce la causa exacta de los trastornos de la alimentación. Al igual que con otras enfermedades mentales, puede haber muchas situaciones desencadenantes.

Sin embargo, los factores que pueden predisponer a un joven a presentar esta enfermedad son tener algún familiar directo con historial de trastorno de la conducta alimentaria, iniciar una dieta restrictiva, ser perfeccionista, tener preocupaciones de la imagen corporal, tener historial de ansiedad, ser inflexible con las rutinas, sufrir de bullying, migrar a una zona donde el patrón de belleza es más estricto, haber sido abusado sexualmente o aislarse socialmente, entre otros.

Vera señaló que ser parte de una familia disfuncional también es un factor de riesgo, sobre todo ahora que los padres e hijos están en casa y los conflictos han aumentado. Sin embargo, remarcó que no todos los adolescentes que se obsesionan con su cuerpo o sufren de bullying terminarán cayendo en un trastorno de conducta alimentaria. “Se necesita tener la predisposición y generalmente una baja autoestima que se acarrea desde los primeros años de vida”, dijo.

Además, agregó que en estos casos siempre hay un problema de fondo en la familia. “Las familias más débiles no necesariamente son las que están llorando todo el tiempo, sino aquellas con poca comunicación y vínculos entre sus miembros”, refirió.

¿Cómo reconocer los casos?

El psiquiatra señaló que, debido a que las familias permanecen juntas más tiempo en casa, los casos de trastornos de la conducta alimentaria se están detectando en forma más temprana. En ese contexto, indicó que los padres pueden tener la sospecha de que su hijo sufre de algún trastorno de la conducta alimentaria si:

  • Presenta cambios de humor, con irritabilidad.
  • Se pone muy ansioso y tiene las manos sudorosas.
  • Se aleja de las actividades sociales normales, incluso de la familia.
  • Comienza a disminuir el peso corporal.
  • Realiza ejercicio físico de manera obsesiva e intensa.
  • Le sale el lanugo, que es un bello facial muy ligero.
  • Presenta cansancio, falta de voluntad y poco disfrute de las actividades que antes gozaba.
  • Entra en contacto con otros jóvenes con problemas de la conducta alimentaria.
  • Deja restos de vómito en los tachos de basura.

Pese a esta larga lista de síntomas, un trastorno de la alimentación puede ser algo difícil de detectar y controlar. Si tiene algún familiar con alguno de estos problemas, debe buscar ayuda profesional con un especialista en salud mental.

“La familia debe comprender que no solucionará este cuadro solo, se necesita ayuda de un profesional que los oriente. A veces es por corto tiempo. Todo depende de si se detecta a tiempo, pues mientras más temprano se enfrente, más rápido el paciente superará el problema”, indicó.

El 70% de pacientes de anorexia y bulimia logra superar la enfermedad, el 20% tarda un poco más, pero sale de cuadro, y solo el 10% hace la enfermedad crónica.

Recomendaciones para padres

Para superar estos cuadros los expertos recomiendan lo siguiente:

  • La familia debe hacer un acto de conciencia y estar dispuesta a hacer cambios para apoyar a la persona que sufre el trastorno, evitando las críticas y las referencias al peso corporal.
  • Se debe evitar poner apodos o calificativos entre los miembros de la familia.
  • Toda la familia debe tener la predisposición de entrar a terapia, pues cuando un miembro de la familia está enfermo, es muy probable que toda la familia enfrente dificultades.
  • Mantener una comunicación cariñosa, tranquila e intentar usar el sentido del humor.
  • Dar caricias y abrazos a los adolescentes, así como reforzamientos positivos.
  • Fomentar la comunicación con otros familiares (abuelos, tíos, primos) mediante llamadas, videoconferencias, e-mails, dibujos o cartas dedicadas a ellos.
  • Crear espacios comunes para compartir, pero también espacios individuales para la reflexión y la intimidad.